Nunca me ha sido presentada como tan obvia la necesidad de alejarme de mi entorno. Desde que empezó al año no he sido capaz de disfrutar de absolutamente ningún momento genial, que en cambio al resto de mi gente le haya hecho disfrutar. Excepto cuando me he sentido rodeada de gente lejana, nueva o poco vista, o he estado en lugares literalmente apartados de mi entorno de costumbre. Y fíjate que no me cuestiono para nada haberlo pasado bien esas mínimas veces, pero por el contrario, esos "días felices" (que realmente eran dignos de disfrute) no han puesto en mi boca las palabras -Lo he pasado bien.-. Y me hace pensar sobre qué elementos predominan mi rutina, posibles detonantes. Pienso que a lo mejor debería dejar mis amistades de lado por su posible implicación, aunque no tengan ninguna culpa. Puede que su dependencia hacia mí me haga sentir mal. Pienso también en mi familia, sobre todo mi hermano. Y respecto a él no tengo ninguna duda, es la fuente de todo mi estrés y mala leche, de quien aprendí todas mis respuestas a la defensiva. Y es algo que también se me ha presentado más obviamente que nunca, porque ha pasado un día fuera y he estado de buen humor hasta el momento en el que ha vuelto y nada más abrir la boca, tan solo al verle cuando he pasado por nuestro cuarto, he empezado a ponerme nerviosa, a apretar la mandívula, han empezado a temblarme las manos, a mirar a otro lado cuando se me acerca.
Y es terrible. Creo que me voy a ir a la calle un rato, ahora de madrugada a ver si se me quita la presión o algo. No puedo más.
Hasta mañana, Shaisha.